Quien necesita un abogado casi nunca busca «abogado» a secas. Busca su problema: «me han despedido», «cómo repartir una herencia», «divorcio de mutuo acuerdo». Y antes de llamar a nadie, lee. El despacho que responde a esa duda con claridad es el que se gana la primera consulta.
Especializarse se ve desde fuera
Un despacho que dice hacer de todo compite con todos. Uno que se presenta como especialista en derecho laboral o en herencias aparece en búsquedas más concretas, con menos competencia y con clientes que ya saben lo que necesitan. Aunque lleves varias materias, conviene que la web deje claro en cuáles eres fuerte.
La ficha de Google
- La categoría principal, lo más concreta posible: «abogado de familia» o «abogado laboralista» mejor que «abogado».
- El horario real y si atiendes solo con cita previa.
- Los idiomas en que atiendes, si son varios.
- Fotos del despacho y del equipo: la gente quiere saber con quién va a hablar.
Contenido que responde dudas reales
Una página que explica en lenguaje claro qué pasa en un despido, qué plazos hay y qué documentos hacen falta trae a la persona que está en esa situación ahora mismo. No hace falta escribir mucho: hace falta escribir lo que el cliente pregunta en la primera consulta.
Reseñas sin romper el secreto profesional
Las reseñas pesan mucho, pero en un despacho hay que tener cuidado. Muchos clientes no quieren que se sepa que tuvieron un problema legal, y al responder no se puede dar ningún dato del asunto. Pide la reseña solo a quien sabes que estará cómodo, y responde siempre agradeciendo sin mencionar nada del caso.
Los límites de la publicidad
Las normas deontológicas de la abogacía permiten hacer publicidad, pero con límites: no se pueden prometer resultados ni usar datos de clientes sin su consentimiento. Una web que explica cómo trabajas, en qué materias y cómo es la primera consulta está dentro de lo permitido y da más confianza que cualquier eslogan.
Es una orientación general. Las normas concretas dependen de tu colegio profesional; conviene consultarlas antes de lanzar cualquier campaña.
Qué tiene que tener la web de un despacho
- Una página por cada área de práctica.
- Quiénes sois, con nombre, número de colegiado y foto.
- Cómo es la primera consulta: si se cobra, cuánto dura y qué hay que traer.
- Un contacto fácil y discreto, con formulario y teléfono.
¿Poner el precio de la primera consulta?
Mucha gente no llama a un abogado por miedo a lo que le va a costar la primera conversación. Decir claramente si la primera consulta se cobra, cuánto y cuánto dura quita esa barrera. Si es gratuita, dilo; si no lo es, también: el que llama ya sabe a qué viene.
Los directorios que sí cuentan
El censo de tu colegio de abogados, los directorios jurídicos serios y las asociaciones profesionales de tu especialidad son menciones que dan confianza y que Google tiene en cuenta. Conviene que el nombre del despacho, la dirección y el teléfono estén escritos igual en todos, e igual que en la ficha de Google.
¿Y Google Ads?
Funciona en búsquedas urgentes, como «abogado detenido» o «abogado accidente de tráfico», pero en las materias más disputadas cada clic puede salir caro. Para un despacho pequeño suele tener más sentido empezar por la ficha, la web y el contenido, y usar anuncios solo para una materia concreta y durante un tiempo, midiendo lo que traen.