Quien busca abogado tiene un problema concreto y miedo: a que le salga caro y a no entender nada. La web que gana no es la más elegante, es la que le hace sentir que ha llegado al sitio correcto.
Una página por especialidad, no una lista
El error clásico es una página de «Áreas de práctica» con doce apartados. Nadie busca «áreas de práctica»: buscan «abogado de despidos en Orihuela» o «cómo reclamar gastos de hipoteca». Cada especialidad necesita su página, y ahí explicar el caso, el proceso, los plazos y el coste aproximado.
Lo que genera confianza
- Foto real del despacho y de las personas. Los despachos sin caras transmiten fatal.
- Número de colegiado y colegio. Es el equivalente a enseñar el título.
- Casos resueltos, sin datos de nadie: «reclamación de cláusula suelo resuelta en once meses».
- Cómo se cobra. Consulta gratuita o no, provisión de fondos, si hay cuota de éxito. La opacidad en el precio es lo que más frena.
Cuidado con el secreto profesional y con la protección de datos al contar casos. Sin nombres, sin datos identificables y sin nada que permita reconstruir quién era. Ante la duda, no se cuenta.
El contenido que trae consultas
Es el sector donde mejor funciona escribir, porque la gente busca información antes de llamar a nadie. Un artículo que explica bien «qué plazo tengo para reclamar una herencia» capta a alguien meses antes de que decida contratar, y cuando decide, ya te conoce. Es lento y es lo que mejor resultado da a largo plazo.
Lo que no funciona
- Textos con jerga jurídica. El cliente no sabe qué es una acción de repetición.
- Fotos de martillos de juez y balanzas. Están en todas las webs del gremio.
- Prometer resultados. Además de estar mal visto por el colegio, genera desconfianza.
- Un formulario que pide contarlo todo. Al principio, nombre y teléfono.