La mayoría de portadas empiezan hablando de la empresa: «Somos una empresa joven y dinámica con más de 15 años de experiencia». Al que acaba de entrar eso no le dice nada, porque su pregunta es otra: ¿esto es para mí?
Los tres segundos de arriba
Sin bajar nada, tiene que quedar claro qué haces, para quién y dónde. «Reformas integrales en Almoradí. Presupuesto cerrado en 48 horas» responde las tres. «Bienvenidos a nuestra web» no responde ninguna.
Prueba rápida: enseña la primera pantalla a alguien que no conozca tu negocio durante cinco segundos y tápala. Si no sabe decirte qué vendes, hay que reescribirla.
El orden que funciona
| Bloque | Qué responde |
|---|---|
| Titular y botón | Qué haces y dónde |
| Servicios | ¿Está lo mío? |
| Precios o desde | ¿Puedo permitírmelo? |
| Reseñas | ¿Me puedo fiar? |
| Cómo trabajas | ¿Qué pasa si te llamo? |
| Dudas frecuentes | Lo que me frena |
| Contacto | Vale, ¿cómo te escribo? |
Lo que casi siempre sobra
- El carrusel de imágenes que rota solo. Nadie espera a la segunda y ralentiza la carga.
- «Quiénes somos» con la historia de la empresa arriba del todo. Va después, y corto.
- Logos de tecnologías o de marcas que usas. A tu cliente no le dicen nada.
- Contadores animados de «clientes satisfechos» sin ninguna referencia comprobable.
- Un vídeo de fondo que pesa ocho megas. Es de lo que más carga cuesta y menos aporta.
El precio, aunque no sea cerrado
Es el bloque que más se omite y el que más filtra. No hace falta una tarifa exacta: con un «desde» o una horquilla ya evitas la mitad de las consultas que no iban a ninguna parte y ganas al que necesita saberlo antes de escribir.
Una sola acción, repetida
Decide qué quieres que haga el visitante —llamar, escribir por WhatsApp, pedir presupuesto— y que ese sea el botón en todas partes. Cuatro botones distintos compitiendo hacen que no se pulse ninguno.