Es la primera pregunta de cualquiera que se plantea tener web, y la que peor respuesta obtiene: «depende». Depende de verdad, pero eso no ayuda a nadie a decidir. Así que aquí van los rangos que se manejan hoy en España, qué entra en cada uno y en qué momento pagar más deja de tener sentido.
Los cuatro precios que te van a dar
| Quién la hace | Precio habitual | Qué obtienes |
|---|---|---|
| Tú mismo con Wix o Squarespace | 0 – 300 € al año | Una plantilla que se parece a otras mil. Vale para salir del paso. |
| Freelance | 400 – 1.500 € | Web propia y trato directo. La calidad varía muchísimo de uno a otro. |
| Estudio pequeño o agencia local | 1.500 – 4.000 € | Diseño a medida, textos, SEO básico y alguien que responde el teléfono. |
| Agencia grande | 4.000 – 15.000 € | Equipo entero, estrategia y procesos. Tiene sentido a partir de cierto tamaño. |
Los rangos se solapan porque «página web» no significa nada concreto. Una web de cinco páginas para un taller y una tienda con 400 productos y pasarela de pago son proyectos distintos aunque las dos se abran en el navegador.
Qué encarece un presupuesto de verdad
Casi nunca es el diseño. Lo que dispara las horas es esto:
- Número de páginas únicas. Cinco páginas no son cinco veces el trabajo de una, pero cuarenta sí se notan.
- Funciones que guardan datos: reservas, presupuestos, área de clientes, pagos. Todo lo que tiene base de datos multiplica el tiempo de pruebas.
- Idiomas. Una web bilingüe no es traducir: es duplicar contenido, URLs y etiquetas para que Google entienda cada versión.
- Contenido. Si tienes textos y fotos decentes, ahorras cientos de euros. Si hay que escribir y fotografiar, es un proyecto dentro del proyecto.
- SEO. Que una web esté hecha para posicionar (estructura, velocidad, datos estructurados, contenido) es trabajo aparte del diseño.
Los gastos anuales que nadie menciona
El presupuesto de construcción no es el coste total. Cada año se paga, como mínimo:
- Dominio: entre 10 y 20 € al año para un .com o un .es.
- Alojamiento: desde 50 € al año en algo digno; una web pesada de WordPress necesita más.
- Mantenimiento: actualizaciones, copias de seguridad y arreglos. En WordPress no es opcional; una web sin actualizar acaba hackeada.
- Cambios: precios nuevos, servicios nuevos, fotos nuevas. Pequeño, pero existe.
Pregunta siempre a nombre de quién queda el dominio. Si figura la agencia y no tú, la web no es tuya del todo: el día que te vayas, negocias.
Cuándo pagar más deja de compensar
Para un negocio local que quiere llamadas y reservas, el salto de 1.500 a 6.000 € rara vez se nota en la caja. Lo que sí se nota: que la web cargue rápido en el móvil, que el teléfono esté visible sin hacer scroll, que la ficha de Google esté cuidada y que el contenido responda a lo que la gente busca en tu pueblo. Eso no cuesta miles de euros; cuesta criterio.
El caso contrario también existe. Si vendes online, si tu ticket medio es alto o si compites en una ciudad grande, ahorrar en la web es carísimo: cada mes en la segunda página de Google son clientes que se lleva otro.
Cómo comparar dos presupuestos sin ser técnico
- Pide el precio cerrado por escrito, con lo que incluye y lo que no.
- Pregunta cuántas páginas y cuántas revisiones entran antes de que empiecen a cobrar aparte.
- Pide dos webs que hayan hecho y ábrelas en tu móvil con datos, no con wifi. Si tardan, ya sabes.
- Pregunta quién escribe los textos. Si la respuesta es «los pones tú», ese trabajo es tuyo y cuenta.
- Confirma si el SEO está incluido o es un extra mensual.
- Confirma a nombre de quién van dominio y alojamiento.
Con esas seis respuestas, dos presupuestos que parecían iguales dejan de parecerlo.