Primero, tranquilidad: Google no penaliza por contenido duplicado salvo que sea un intento claro de manipular. Lo que hace es elegir una versión y no enseñar las demás. El problema no es el castigo, es que la que elige puede no ser la que a ti te interesa.
1. La misma página accesible por varias direcciones
Es el caso más común y el más invisible. Tu portada puede existir en cuatro direcciones a la vez: con www y sin, con https y con http, con barra final y sin. Para Google son cuatro páginas iguales.
Se arregla con una etiqueta canonical en cada página apuntándose a sí misma en su forma buena, y redirecciones 301 de las demás. Compruébalo escribiendo tu web con www y sin: debería llevarte siempre a la misma dirección.
2. Landings de ciudad calcadas
El clásico de las webs locales: veinte páginas idénticas cambiando solo el nombre del pueblo. Eso Google lo llama páginas puerta y sí que está sancionado. La diferencia entre hacerlo bien y hacerlo mal es si cada página dice algo verdadero y distinto de esa zona: su competencia, sus barrios, cómo se busca allí.
3. Descripciones de producto del proveedor
Si vendes online y copias las fichas del fabricante, tienes el mismo texto que otras cien tiendas. Google elige una y suele ser la de más autoridad, que no vas a ser tú. Reescribir aunque sea el primer párrafo cambia el resultado.
4. La versión en otro idioma mal montada
Si la versión inglesa apunta con canonical a la española, le estás diciendo a Google que es una copia y no la enseña nunca. Cada idioma debe apuntarse a sí mismo y enlazarse con hreflang.
Cómo comprobarlo tú
- Escribe tu web con www y sin www: mira si acabas siempre en la misma.
- Coge una frase de un párrafo tuyo, ponla entre comillas en Google y mira cuántos sitios la tienen.
- En Search Console, mira el informe de indexación y busca «Duplicada» o «Google eligió un canónico distinto».
- Compara dos de tus landings de ciudad: si cambiando el nombre del pueblo son iguales, hay trabajo.