Dos presupuestos de web pueden parecer iguales y no parecerse en nada un año después. La diferencia está en estas preguntas. Hazlas antes de pagar y pide las respuestas por escrito.
1. ¿A nombre de quién va el dominio?
Tiene que ir a tu nombre. Si va a nombre del diseñador, la web depende de él.
2. ¿Qué pasa si quiero irme?
Que puedas llevarte el dominio, los textos, las fotos y, si es posible, la web entera. Si la respuesta es vaga, desconfía.
3. ¿Es una plantilla o se hace para mí?
Una plantilla no es mala por sí misma, pero entonces el precio tiene que ser de plantilla.
4. ¿Quién escribe los textos?
Es la parte que más tarda y la que más pesa en Google. Pregunta si los escriben ellos, si los revisan o si los tienes que poner tú.
5. ¿Qué incluye la cuota mensual?
Si hay cuota, qué te da exactamente: alojamiento, cambios, copias de seguridad, SEO. Y si hay permanencia.
6. ¿Puedo cambiar cosas yo?
Precios, horarios, fotos y textos sencillos deberías poder cambiarlos tú sin pagar cada vez.
7. ¿Qué pasa con Google?
Si la web se da de alta en Search Console, si se cuida tu ficha de Google y si la web tiene una página por servicio.
8. ¿Puedo ver webs que hayáis hecho?
Mírala en el móvil, comprueba que carga rápido y, si puedes, pregunta al negocio qué tal le fue.